FRANCISCO PIZARRO
 

1977

Descubrimiento

LOS  OSARIOS  DE FRANCISCO  PIZARRO




Al comenzar el año de 1977 se inició la remodelación de la Cripta de la Catedral de Lima, y antes de comenzar, los ingenieros y arquitectos del Instituto Nacional de Cultura (INC) hicieron el levantamiento topográfico de los espacios arquitectónicos ubicados debajo del Altar Mayor y los planos de planta y elevaciones correspondientes.


El 18 de junio de ese mismo año fueron descubiertos en la cripta los restos de Don Francisco Pizarro Gonzáles, los cuales estuvieron ocultos durante más de cuatro siglos detrás de un muro de ladrillos que emparedó su lugar de enterramiento.


Los obreros que estaban a cargo de los trabajos desmontaron la pared de ladrillos que cubría el nicho central y encontraron un osario de madera lleno de huesos humanos y una cajita u osario de plomo sobre una de las gruesas tablas del nicho principal de la cripta.


El osario tenía grabada en la tapa la siguiente inscripción:


“AQUI ESTA LA CABECA DEL SEÑOR MARQUES DON FRANSISCO PIZARRO QUE DESCUBRIO Y GANO LOS REYNOS DEL PIRV Y PUSO EN LA REAL CORONA DE CASTILLA”

PROYECTO PIZARRO 

1977 - 1984

        INVESTIGACIONES Y ESTUDIOS DE SUS RESTOS

     Por Dr. Hugo Ludeña Restaure

     Arqueólogo – Antropólogo

      Director del proyecto 




En el mes de junio de 1977 un grupo de trabajadores realizaba la remodelación de la Cripta ubicada debajo del Altar Mayor de la Catedral Metropolitana de Lima y antes del mediodía del sábado 18 el maestro de la obra subió apresuradamente hacia la Sacristía buscando al Dean, para comunicarle que detrás de un muro que cubría el nicho central había encontrado varios ataúdes y cajas de madera con huesos y una cajita de plomo.


En el interior de la cajita de plomo había un cráneo con mandíbula y la empuñadura de una espada, y en la tapa tenía una inscripción grabada en bajo relieve. El Dean de la catedral, Monseñor Pedro Laos Hurtado dejó lo que estaba haciendo y bajó inmediatamente a la cripta con el trabajador para verificar el hallazgo. En efecto, en medio de las tablas, ladrillos y la tierra procedente de las excavaciones y entre varios ataúdes antiguos, otro trabajador tenía en sus manos una pequeña caja abierta, de color gris, que contenía un cráneo.


En la tapa se podía leer con claridad la inscripción grabada en castellano antiguo que indicaba que allí estaba la cabeza del Marqués Don Francisco Pizarro.

El Dean preguntó por los arquitectos del Instituto Nacional de Cultura que estaban a cargo de la supervisión de las obras de remodelación y al no encontrar a nadie ordenó que al terminar su tarea de ese día, suspendan los trabajos hasta el día lunes para que las autoridades del Instituto Nacional de Cultura (INC) verifiquen el hallazgo. En una de las bancas frente al Altar Mayor solo había una señora que estaba sentada rezando y varios turistas que visitaban el templo. El maestro de la obra declaró después que le señora le había alcanzado unas migajas de pan con las que limpió la superficie de la tapa de la cajita de plomo para poder leer la inscripción que tenía grabada. Casi todos los canónigos ya se habían retirado y el Dean solo pudo conversar con los canónigos R.P. Wisse y Crosby quienes estuvieron muy mortificados. 

El domingo 19 y el lunes 20 las autoridades culturales fueron temprano a la catedral y verificaron que los obreros habían terminado de reparar con cemento los nichos de la cripta central.


Los trabajadores les describieron como habían estado originalmente varios ataúdes, cajas de madera y la cajita de plomo antes de retirarlas de su lugar e hicieron una reconstrucción, indicando la ubicación de cada objeto.


Se tomó conocimiento entonces que en una caja de madera forrada con terciopelo negro había varios esqueletos y cráneos y que dentro de la cajita de plomo había un cráneo con mandíbula y la empuñadura oxidada de una espada.




El lunes 20 de junio la arquitecta Rosario Rosas Durán del Departamento de Monumentos Histórico Artísticos del INC, a cargo de la supervisión de los trabajos en la cripta, preparó un informe en el que indica brevemente que al final que ese día, cuando se realizó la supervisión de los trabajos, recibieron la comunicación del maestro de las obras de haber encontrado, al desmontar el muro del nicho ubicado en la zona central de la cripta, una caja de plomo con la inscripción siguiente:

AQVÍ ESTA LA CABECA DEL SENOR MARQVES DON FRANCISCO PIZARRO QVE DESCVBRIO Y GANO LOS REINOS DEL PIRV Y PVSO EN LA REAL CORONA DE CASTILLA.



El arquitecto José Correa Orbegoso, Director Técnico de Conservación del Patrimonio Cultural del Instituto Nacional de Cultura (INC), me convocó el miércoles 22 de junio a su oficina para consultarme en mi calidad de arqueólogo si con un cráneo era posible saber el sexo y la edad de un individuo. Mi respuesta fue que sí, y entonces me mostró un cráneo que tenía en uno de los cajones de su escritorio. Lo examiné e indiqué que parecía de un individuo de género masculino por la forma del hueso frontal y de los arcos superciliares algo prominentes. En cuanto a la edad, pude observar que las suturas de los huesos temporales del cráneo y todas las demás suturas estaban completamente soldadas, no se notaban y parecía un individuo de más de 60 años de edad. Me preguntó también si se podría saber si era andino, mestizo o europeo, y mi opinión era que no parecía un cráneo andino ni prehispánico, ni haber estado soleado como los que se encuentran en las huacas, sino que habría estado enterrado y bastante bien conservado.

Finalmente me preguntó si se podría tener conocimiento de como murió. Después de examinarlo pude observar que tenía una fractura en el frontal que había roto el arco superciliar izquierdo y que por ser un hueso muy duro, esa fractura solo pudo producirse mediante un golpe muy fuerte con un objeto contundente. También tenía fracturado el arco cigomático derecho, posiblemente por un golpe o corte.

Después de esa información, el arquitecto José Correa Orbegoso sacó de su escritorio una cajita de plomo, algo deteriorada por óxidos de color blanquecino, que en la tapa tenía grabada una inscripción en castellano antiguo que decía que allí estaba la cabeza del conquistador Francisco Pizarro. Entonces yo le pregunté, ¿y la momia que estaba en exhibición en la Capilla de la Catedral?  Y me dijo que ese era el problema. Que los trabajadores habían cometido una barbaridad y que habían retirado los restos de sus nichos en la cripta sin la supervisión de Jaime Mariazza quien estaba a cargo.


El arquitecto Correa me pregunto si podía hacerme cargo a partir de la fecha como arqueólogo de las investigaciones en la Cripta de la Catedral, y aunque el sitio ya había sido disturbado, acepté porque me parecía un caso importante. Después me enteré que nadie había querido aceptar hacerse cargo del caso porque el espacio de la cripta donde sucedió el hallazgo había sido disturbado y los periodistas querían saber si se trataba de los restos de Pizarro o no, y que había algunos problemas porque el padre Antonio San Cristóbal, quien era un estudioso de la arquitectura y el arte religioso, había comentado exagerando la situación, que estaban destruyendo la Cripta. Ese mismo día recibí la cajita de plomo y el cráneo, los guardé en un mueble con llave en mi oficina y fui a la Catedral de Lima con el arqueólogo Julio Manrique del Departamento de Arqueología del INC. Al llegar a la Catedral hablamos con los trabajadores para conocer los detalles del hallazgo, mientras continuaban con su trabajo de restauración en otros nichos.

Esa tarde visité al prestigioso Antropólogo Físico y Paleopatólogo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos Dr. Pedro Weiss, a quien le consulté si al día siguiente podría examinar un cráneo, y él aceptó. Acordamos reunirnos a las 6 de la tarde en su laboratorio y llevé el cráneo que estuvo en la cajita de plomo y tres cráneos más que procedían de la caja de madera forrada con terciopelo negro que estuvo a su costado, en la cual habían numerosos huesos desarticulados que había que clasificar. Le consulté al Dr. Weiss si le parecía que el primer cráneo era de hombre o de mujer, y después de examinarlo comentó que era de un individuo masculino y de edad senil, y preguntó de dónde procedía. Le comenté al doctor que ese cráneo había sido encontrado dentro de una cajita de plomo donde decía que era la cabeza de Don Francisco Pizarro. Él me preguntó si ese cráneo tenía alguna relación con el cuerpo momificado que se exhibía en la Capilla de Pizarro y le explique que no había manera, porque la llamada momia de Pizarro fue colocada allí en 1891 y estaba completa. El doctor Pedro Weiss recomendó que le hagan varias radiografías al cráneo y acordamos reunirnos al día siguiente .


Por esos días en el Departamento de Conservación del INC y en el laboratorio químico se habían analizado algunas muestras de restos de la catedral, y le propuse al director de monumentos históricos que convenía hacer una investigación de arqueología histórica en la catedral, para lo cual era necesaria la autorización de la Comisión Técnica de Monumentos Históricos, por ser la Catedral de Lima un Monumento Histórico Declarado. A partir de ese momento inicié las investigaciones para determinar la autenticidad del hallazgo, y si los restos descubiertos eran efectivamente de don Francisco Pizarro mediante una Investigación Interdisciplinaria de Arqueología Histórica, inicialmente con la cooperación de los expertos más importantes del Perú, y posteriormente con la cooperación de expertos internacionales.

Las investigaciones sobre los restos de Pizarro y los resultados preliminares publicados en revistas, y las informaciones periodísticas le interesaron a los miembros de la Academia de Extremadura-España, en especial a los Trujillanos, quienes en mayo de 1979 organizaron un conversatorio sobre Pizarro para el VI Congreso de Estudios Extremeños y recibí una invitación para exponer en Trujillo sobre el estado de las investigaciones que realizábamos en el Perú. El Congreso fue inaugurado por la Reina Doña Sofía y una de sus conclusiones fue organizar un viaje al Perú de una delegación de Trujillo y Extremadura para visitar el Trujillo del Perú, y ver en persona los restos del marqués Pizarro que todavía estaban en estudio en la Catedral de Lima. El Congreso también le encomendó al historiador peruano Dr. Guillermo Lohmann Villena la preparación de un estudio histórico sobre Pizarro basado en la documentación suscrita por el conquistador como Gobernador del Perú.   

Las conclusiones de esta investigación se basan en el estudio de los Documentos Históricos del Siglo XVI que se refieren a la muerte de Don Francisco Pizarro, al estudio de sus restos óseos, a los materiales que estuvieron asociados a sus restos y al estudio del lugar de su enterramiento. Esos estudios fueron desarrollados durante siete años y permitieron concluir que los restos óseos descubiertos en la cripta de la Catedral de Lima en 1977 eran sus restos auténticos, y que el cuerpo momificado que se exhibía en la Capilla de Pizarro desde 1891 era un fraude histórico de fines del siglo XIX. El prestigioso historiador R.P. Rubén Vargas Ugarte en varias oportunidades ya se había pronunciado con anterioridad en el sentido de que la llamada momia de Pizarro era una patraña, pero las autoridades no hicieron caso a sus observaciones.

Ese marco de estudio es una manera diferente de ver a Francisco Pizarro como el hombre de carne y hueso cuyos restos hemos estudiado empleando todos los medios accesibles en el Perú entre 1977 y 1983 con los científicos más prestigiosos del Perú, los Doctores Pedro Weiss Paleopatólogo y los doctores Oscar Soto y Ladis Delpino de Soto, Radiólogos. Fue un alto honor y privilegio investigar en equipo, pacientemente, durante siete años entre 1977 y 1984. En esos años ellos eran distinguidos profesionales del más alto nivel, consagrados por sus investigaciones en el Perú y en el extranjero, y tuvieron la grandeza de conformar con este autor un equipo de investigación interdisciplinaria excepcional.



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